Descartes

octubre 15, 2006 at 12:26 am (Uncategorized)

Siempre me había parecido difícil aburrirse en el mundo. Hoy estoy comprobando que resulta de lo más fácil; sola en casa, como suele ser normal en mi estado actual, me he aburrido.
¿Qué puede hacer una persona aburrida?, aparece delante de mí un abanico de posibilidades, vaya, se me ha olvidado que odio la expresión abanico de… aparecen ante mí un gran número de posibilidades. Leer, claro leer, pero ¿quién lee cuando está aburrido? Se lee cuando necesitas evadirte, cuando no te queda más remedio porque vives en una inmensa biblioteca donde mirando a uno y otro lado sólo hay libros, o también cuando tienes un examen lo cual no te saca del aburrimiento; descartado.
Ir a pasear para despejarme, solemne tontería, yo no necesito despejarme, quiero desaburrirme, pero no cansarme arrastrando una pierna tras otra; segundo descarte.
Hablar con los amigos, genial, pero yo no tengo amigos con los que pueda hablar, siempre me voy con la sensación de que se ríen de mí a mis espaldas, no, no quiero decir que se rían enfocando su aliento a mi espalda, sino que se ríen cuando yo no miro… no sé para qué explico esta obsesión estúpida, la verdad es que sufro una obsesión estúpida de explicarlo todo; hablar con los amigos será el tercer descarte.
Ir al cine, bien cierto es que parece una opción tentadora, además ayer se estrenaron dos películas que no parecen malas y debajo de la mesa asoma un periódico que está gritándome desde la página de los cines que podría ir a las nuevas salas del centro comercial, por explorar iría, nada más; se acabaron los descartes, iré al cine.
He pagado la entrada, me hicieron descuento por llevar una camiseta del hiper de abajo, se agradece. Tengo veinte minutos hasta que empiece la película y también tengo hambre; añadido esto a que tengo quinientas pesetas y a que enfrente de mí también tengo una bocadillería, huelgan las explicaciones.
Desde dentro se ve que es una tienda nueva, quiero decir que desde fuera parece que han impregnado de grasa la puerta y las paredes adrede. Las bocadilleras no se enteran mucho de la fiesta y yo soy el único cliente. Sí, seguro que es nuevo.
– Uno de panceta y queso.
Digo panceta y no bacon. Tampoco suelo pedir los bocadillos por favor, porque la obligación de la bocadillera es servírmelo. Suelo pagar, creo que eso me da derecho a no ser educada con alguien que no conozco de nada; seguro que mientras te sirve y sonríe de forma artificial se está cagando en tu padre.

– ¿Algo más?
Apostaría a que se está cagando en mi padre y encima quiere que haga más gasto.
– Sí, un agua mineral.
La naturaleza del hombre es insondable, nunca sabes siquiera por dónde vas a salir tú mismo en cualquier momento. Yo NUNCA pido un agua mineral, puedo pedir un agua, pero un agua mineral nunca. Pidiendo un agua ya se entiende que es mineral, otra cosa sería un vaso de agua, este no es mineral, pero también es entendible abriendo un botellín de agua mineral y sirviéndolo en un vaso, ¿no?
– Quinientas por favor.
Quinientas qué, di son quinientas pesetas. Sé que te estás cagando en mi padre.
Vaya, me he quedado sin palomitas.
Huele mucho a pintura. Los colores son azul, rojo y amarillo; un cromo. No hay nadie en toda la habitación, estoy sola.
Buena cura para mi aburrimiento. Una pared de cristal, los que esperan al cine miran. Todos ellos están hambrientos, pero tienen miedo, me ven comiendo sola en medio de tantos colores y con una bocadillera que en cualquier momento va y se caga en tu padre, no me extraña que no entren.
Es una sensación de vacío que nunca había sentido, comiendo un bocadillo sola entre tantos colores veo a ala gente mirando y me siento mal. Están mirando mi soledad. Ven la inmensa cantidad de aire que envuelve mis movimientos al comer, ven sus siluetas si estuvieran junto a mí comiendo, sólo eso les alimenta, con esa simplicidad esperan entrar al cine y devorar imágenes que nunca serán ellos, ni yo.
He salido de la bocadillería pero no voy al cine. Sigo aburrida, es cierto. Decía mi madre que la enfermedad se cura en casa, el cine no era la mejor medicina, pensé yo cuando recordé a mi madre.
Hablar sola ya me está cansando, colocar ositos de peluche también; hoy lo que me queda soy yo misma sin contar con nadie.
Mi aburrimiento y yo, c´est la vie.
Ir al cine; cuarto descarte.

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1 comentario

  1. Triki said,

    has tardado en actualizar eh? desde q m dijiste ahora lo hago…

    bueno un placer volver a leerte jefa

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